El kitesurf (o kiteboarding) es un deporte acuático que combina elementos del surf, el wakeboard, el parapente y la vela. El rider está de pie sobre una tabla y es arrastrado por una cometa (kite) de grandes dimensiones, aprovechando la fuerza del viento para planear sobre el agua, saltar y realizar maniobras espectaculares.
Nacido a finales de los años 90, el kitesurf ha crecido de forma exponencial hasta convertirse en uno de los deportes acuáticos más practicados del mundo, con millones de aficionados y competiciones internacionales que culminan en los Juegos Olímpicos.
El principio es sencillo pero genial: una cometa inflable conectada al rider mediante 4 o 5 líneas y una barra de control genera tracción aprovechando el viento. El kiter, conectado a la cometa mediante un arnés (trapecio), dirige la cometa por el cielo creando potencia y velocidad.
La tabla bajo los pies sirve para planear sobre el agua y dar dirección. La combinación de viento, agua y gravedad crea una sensación única: un punto intermedio entre volar y surfear.
Existen diferentes tallas, generalmente de 5 a 17 metros cuadrados. La elección depende del peso del rider y de la fuerza del viento: más viento = cometa más pequeña, menos viento = cometa más grande. Las cometas modernas son increíblemente seguras, con sistemas de liberación rápida y depower que permiten reducir instantáneamente la potencia.
La tabla más común es la twin-tip: simétrica, permite navegar en ambas direcciones sin tener que girarse. Para los más avanzados existen tablas direccionales (similares a las de surf) y tablas con hydrofoil para volar sobre el agua.
El arnés (o trapecio) se lleva alrededor de la cintura o las caderas y sirve para distribuir la tracción de la cometa por todo el cuerpo, evitando tener que soportar la fuerza solo con los brazos.
La barra de control es el «volante» de la cometa. Tirando a la derecha o a la izquierda se dirige la cometa; acercando o alejando la barra se regula la potencia. Las líneas de Dyneema son muy finas pero increíblemente resistentes.
Al contrario de lo que se podría pensar, el kitesurf es más accesible que muchos otros deportes acuáticos. Con un buen curso de 3 a 5 días (aproximadamente 8–12 horas de clase), la mayoría de las personas consigue navegar de forma autónoma.
Las fases del aprendizaje son:
Adrenalina pura — Pocas sensaciones se comparan a planear sobre el agua a 40 km/h con el viento en el pelo, o al momento en que despegas para un salto de 10 metros.
Conexión con la naturaleza — Solo tú, el viento, el agua y el sol. El kitesurf te enseña a leer las condiciones meteorológicas y a respetar la fuerza de la naturaleza.
Comunidad — La comunidad kite es de las más acogedoras y apasionadas. En cualquier parte del mundo encontrarás riders dispuestos a compartir un spot, un consejo o una cerveza al atardecer.
Fitness completo — El kitesurf entrena todo el cuerpo: piernas, core, brazos, equilibrio. Y es tan divertido que ni te das cuenta de que estás haciendo ejercicio.
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